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viernes, 11 de noviembre de 2016

Kanadá- Naciones originarias del actual Canadá y la cruel herencia colonial



Indígenas de Canadá todavía sufren nefasta herencia colonial

Por Rose Delaney© Reproducir este artículo
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Foto: Bailarín tradicional en el Festival Manito Ahbee, que celebra la cultura y el patrimonio indígena para unificar, educar e inspirar. Crédito: Travel Manitoba/cc by 2.0

LONDRES, 8 nov 2016 (IPS) - Las consecuencias del colonialismo y del despojo sufrido por los pueblos originarios de Canadá quedaron solapadas y no fueron reconocidas por la población de “colonos”, puntualizó la especialista en justicia indígena Lisa Monchalin.

Y en especial, subrayó el impacto del legado colonial sobre los indígenas de Canadá en la actualidad, en el marco de la presentación de su último libro “The Colonial Problem: An Indigenous Perspective on Crime and Injustice in Canada” (El problema colonial: Una perspectiva indígena sobre delitos e injusticia), en la Universidad Colegio de Londres este mes.

Durante la Colonia, la población autóctona se vio obligada a depender de un sistema extranjero que le prestaba poca atención a su propia cultura y costumbres. Los colonos europeos eliminaron los derechos de los indígenas, rápidamente mediante una estructura jerárquica que los consideraba como el “problema indígena”.

La solución colonial para el “problema” indígena no fue otra cosa que mortal. 

Como resultado directo de la colonización europea, la población autóctona se convirtió en un pueblo en extinción, literlamente con la muerte de entre 80 y 90 por ciento de sus integrantes por las enfermedades traídas de Europa. 

En el siglo XVIII, se distribuyeron mantas infectadas con viruela para erradicar a los indígenas.

Los que sobrevivieron a las enfermedades fueron desplazados a la fuerza.

 Muchos fueron confinados a terrenos más pequeños, asimilados culturalmente y obligados a abandonar sus tradiciones o dejados a su suerte en territorios con pocos recursos.

“También puede atribuirse a la colonización la prevalencia de la violencia contra las comunidades indígenas a lo largo de los siglos, incluso la violencia de género”, precisó Monchalin.

Antes de la colonización, las sociedades tradicionales nativas se enorgullecían de su organización matriarcal, honrando y valorando la naturaleza “sagrada” de las mujeres en su comunidad. Ellas tenían una gran importancia por ocupar posiciones de liderazgo y de poder, y había una división equitativa del trabajo.

“Los actos de violencia sexual eran raros antes del contacto europeo”, indicó.

El sistema europeo de gobernanza despojó a las indígenas de su agencia. 

Ya no podían ser valientes lideresas y, en cambio, los colonizadores quisieron instalar la idea de que eran simples subordinadas de los hombres de la comunidad. Bajo el régimen colonial, solo ellos podían hablar en nombre de sus comunidades.

Los colonos comenzaron a crear la imagen de la indígena como la “otra exótica”.

 Se referían a ellas como “squaws”, la versión femenina del salvaje, y la describían como “sin rostro humano, lujuriosas e inmorales”, explicó Monchalin.

Las perspectivas coloniales arraigadas no solo transformaron la identidad femenina indígena en una mercancía sexual, sino que llevaron a una generalizada objetivación sexual, que permitió justificar la violencia sexual pues esas mujeres solo “tenían forma humana”.

La subordinación y la opresión de las indígenas instaladas en la época colonial se mantiene hasta nuestros días. Construcciones sexualizadas y romantizadas de las “eróticas” indígenas habilitaron el acoso sexual y las violaciones en todo el país.

“En Canadá, 87 por ciento de las indígenas sufrirá algún tipo de violencia física en la vida, y una de cada tres mujeres será violada”, subrayó.

Las indígenas siguen victimizadas por las estructuras de un sistema colonial deshumanizante que existe hasta hoy y que les arrebató su agencia y las consideró “seres inferiores”.

El problema saltó a la luz pública en 2014, cuando se conocieron 1.181 casos de indígenas desaparecidas entre 1980 y 2012. La situación no concentró la atención debida y no fue hasta el año pasado que se lanzó una investigación para conocer la verdad. También se ha denunciado la violencia policial que sufren en todo el país.

Numerosos especialistas coinciden en que el legado histórico de la represión eurocéntrica contribuye a la actual injusticia y desigualdad que sufren las indígenas. 

En 1873, uno de los principales objetivos de la Real Policía Montada Canadiense era atender “el problema indígena”, con el fin de lograr la “rendición silenciosa” de los pueblos autóctonos.


Eso llevó a la creación de “escuelas residenciales”, pensionados con fondos estatales para educar a niñas y niños indígenas. 

El gobierno canadiense creó una política de “asimilación agresiva”, pues creía que las escuelas gestionadas por la Iglesia eran la mejor forma de prepararlos para vivir en la sociedad y, en definitiva, abandonar sus tradiciones “salvajes”.

Los niños indígenas fueron víctimas de violencia y abusos, hasta sexuales, que alcanzaron un grado epidémico, e incluso algunos de ellos denunciaron que fueron empleados para “experimentos nutricionales”. 

Tras casi un siglo de “violencia estatal”, la última escuela residencial cerró en 1996.

La necesidad de eliminar, silenciar y condenar a un pueblo por su origen étnico habilitó la violencia estatal y los malos tratos de las autoridades hacia los indígenas. 
Cuestiones sistémicas de racismo y discriminación “legitiman” actos de brutalidad policial y detenciones injustas. 

De hecho, hay una clara y exagerada representación de indígenas en las cárceles canadienses, con 4,3 por ciento de su población privada de libertad.

La injusticia colonial heredada persiste hasta la actualidad y es responsable de que los pueblos autóctonos de Canadá sufran abusos, violencia y prejuicios a diario. 
Siete generaciones de víctimas de las escuelas residenciales, la arraigada explotación femenina, la violencia estatal, las detenciones ilegales, entre otras atrocidades, crearon un trauma intergeneracional en las comunidades indígenas de todo el país, analizó Monchalin.

En la actualidad, el gobierno federal de Canadá comenzó a atender la negligencia generalizada y las malas políticas sufridas por varias generaciones de indígenas.

El primer ministro Justin Trudeau declaró públicamente su intención de comenzar una nueva relación próspera entre Canadá y los pueblos originarios.

 “Ninguna relación es más importante para mí y para Canadá que la de las Primeras Naciones, la Nación Mestiza e Inuit”, aseguró en una asamblea de las Primeras Naciones en diciembre de 2015.

Canadá tiene previsto invertir 8.400 millones de dólares en los próximos cinco años, a partir de 2016-2017, para mejorar las condiciones socioeconómicas de los pueblos indígenas y sus comunidades y lograr un cambio transformador.

“Mediante la educación, la creación de conciencia y la voluntad de confrontar y cuestionar el pasado violento, la población de Canadá podrá finalmente celebrar la identidad indígena y, en definitiva, reconstruir sus ricas tradiciones, rotas a la fuerza por el colonialismo”, resumió Monchalin.

Traducido por Verónica Firme


viernes, 20 de noviembre de 2015

Bolivia- Conclusiones de la Primera Cumbre Planetaria por la Descolonización, la Despatriarcalización, Lucha contra el Racismo y la Discriminación


O se muere la Madre Tierra o se muere el Capitalismo: No son Tiempos de Paz, son Tiempos de LUCHA

Conclusiones de la Primera Cumbre Planetaria por la Descolonización, la Despatriarcalización, Lucha contra el Racismo y la Discriminación

La Paz, Bolivia, 13 de Noviembre de 2015

El colonialismo es uno de los principales flagelos que sufrimos quienes no encajamos en los parámetros etno y eurocentristas, parámetros que han sido impuestos a sangre y fuego en nuestros territorios. 

El Colonialismo es una de las peores expresiones que tiene la humanidad. Quienes alguna vez hemos sufrido la discriminación y el racismo sabemos que lo que busca quien lo ejerce es pisotear nuestra dignidad, es insultar nuestra identidad. 
A esos valores, individualistas y egoístas, debemos oponer con fuerza la visión de nuestros pueblos y recuperar nuestras culturas y nuestra identidad.

El capitalismo, el colonialismo, el patriarcado y el imperialismo han sido y son instrumentos de opresión de los pueblos. 

El racismo y la xenofobia son aliados indispensables del colonialismo. 

El patriarcado, el imperialismo y el capitalismo se complementan para discriminarnos, marginarnos y explotarnos, se combinan para seguir manteniendo vivo este sistema injusto que beneficia a unos pocos y perjudica a amplias mayorías. 

Sabemos también que el racismo es un sistema que ha logrado introducirse en nuestras cabezas y nuestros cuerpos, que a veces reproducimos sin tener la intención de hacerlo. Pero esto, lejos de hacernos renunciar a la lucha, nos obliga a redoblar los esfuerzos y a buscar los modos de articular nuestras luchas. 
En tal sentido, debemos avanzar en la aceptación y la afirmación de nuestras identidades. 

El trabajo de la descolonización empieza por nosotros/as, por nuestros cuerpos, nuestras cabezas y nuestros espíritus. Cada uno/a de nosotros/as y nosotras debe convidar y contagiar a nuestros hermanos/as para impedir el avance del imperialismo colonial, racista y patriarcal.

Desde la época de la conquista, el racismo ha servido para justificar la opresión sufrida por nuestros pueblos. 

Los cálculos indican que mas de diecisiete millones de personas fueran trasladadas como esclavas desde África hasta nuestro continente entre el siglo XVI hasta comienzos del siglo XIX. 
Saqueos, violaciones y genocidios han sido perpetradas utilizando como argumento la supuesta superioridad que el color de la piel les daba a los conquistadores. 
Pero lamentablemente, los efectos de esta práctica nefasta llegan hasta nuestros días: la educación tradicional y los medios de comunicación masivos refuerzan los paradigmas coloniales y patriarcales que queremos desterrar. 

La vida moderna nos está conduciendo a la destrucción del planeta. Si las economías se siguen moviendo en torno a la acumulación nos acercamos al final de la existencia humana. 
Lo que sostiene el mundo colonial es un complejo sistema que combina la cruz y la espada. 
Es indispensable aunar esfuerzos para extirpar de una vez por todas al racismo y la discriminación, que son la contracara necesaria de la expansión capitalista a nivel mundial, sus aliados invisibilizados que perduran hasta nuestros días bajo nuevas formas imperialistas, tanto materiales como simbólicos. 
Sino potenciamos nuestra capacidad de inventar un mundo nuevo, sino podemos recuperar nuestros deseos, sueños y espíritus, sucumbimos ante el espíritu colonial moderno.


Vivimos momentos intensos de lucha. Asistimos a una nueva ofensiva imperial para seguir oprimiendo a nuestros pueblos. 

Son tiempos que nos obligan a redoblar los esfuerzos y hacer los cambios necesarios para vivir bien. 

Ya no podemos vivir desunidos, las luchas son de todos y todas, hay que unificar las luchas en cada territorio hasta imponer un nuevo orden mundial, de los pueblos y para los pueblos. 

Es tiempo de levantarse y rebelarse, defender lo conquistado y avanzar más. En todas partes hay pueblos que resisten al imperialismo, inventando en cada paso nuevas formas de construir sociedades más justas, libres y soberanas. 

De Palestina a Venezuela, de Siria a Bolivia, de Chiapas al Congo, de Cuba a Irán, de Argentina a Kurdistán, del Pueblo Mapuche a Grecia, en todo el mundo obreros/as, campesinos/as, estudiantes, maestros/ as, pueblos originarios y profesionales comprometidos/as luchan por una vida digna. 

En todos lados suenan las campanas de la rebelión, que esta vez debe ser definitiva, porque lo que está en juego es el destino de la humanidad. No son tiempos de paz, son tiempos de lucha. La aparente paz en la que vivimos nos tiene que alertar y poner en disposición de lucha, para que de una vez por todas terminemos con el flagelo de los pueblos. 

Tenemos que levantarnos y luchar hasta vencer.

El capitalismo y la riqueza concentrada siguen sembrando injusticia, miseria, degradación, explotación, marginación y muerte. 
Lo que ocurre en Oriente Medio, la historia de muerte que se inicia con la invasión a Irak por parte del imperialismo yanqui ha generado un foco de contradicciones que ha dado lugar a que cada día 43 mil personas huyan de sus países. 
2014 es el año con la cifra más alta de desplazados desde la segunda guerra mundial: son 60 millones de hermanos/as que buscan un lugar donde vivir. 

Estados Unidos y Europa están cosechando lo que han sembrado, terror, muerte y destrucción. 
El imperialismo es el que ha generado este caos, dado que el capitalismo no está pensado para satisfacer necesidades humanas ni de la madre tierra, sino para la acumulación de unos pocos. 
Durante 150 años las multinacionales y los bancos norteamericanos dictaron la política imperial de para América del Sur. 

El imperialismo, con la CIA y su ejército, realizó invasiones y golpes militares para minar y debilitar las democracias. 
Sus apéndices (BM, FMI, BID) impusieron políticas neoliberales para saquear nuestros recursos naturales, imponernos deudas externas y esquilmar las fuerzas productivas de nuestros pueblos. 

En la actualidad, recurren también a otros mecanismos, más sofisticados, como ser los golpes blandos que incluso cuentan con apoyos locales. 

La derechización de varios procesos de Latinoamérica también debe ser una señal de alarma para nuestros pueblos. 

Pero fue, es y será la organización y movilización de los/as explotados/as, de los/as oprimidos/as, de los pueblos la única posibilidad de superar las relaciones de dominación del capitalismo y generar nuevas prácticas y nuevos horizontes, con valores y principios ligados a la solidaridad, la comunidad y la vida.

Es por eso que quienes participamos de esta histórica cumbre declaramos nuestro repudio a todas las formas de racismo y discriminación y nos comprometemos a enfrentarlo, condenarlo y exterminarlo en todo el mundo. 

Es por eso que nos comprometemos a unirnos en una lucha común contra la ofensiva imperialista y capitalista, que intenta terminar con nuestros avances y conquistas. 

Sabemos que es un momento para profundizar las conquistas y transformaciones, no es tiempo de conceder nada, no es momento de retirada, no es momento de repliegue, no es momento de vacilación, es momento de avance, de conquista, de lucha y pelea. 

Aquellos/as que piden moderación, aquellos/as que hablan de correlaciones de fuerzas negativas e inmovilizan las luchas, ofenden y condenan a los pueblos a seguir padeciendo la miseria, el hambre y la muerte. 
Es el momento que nuevamente se levanten de los pueblos, de obreros/as, campesinos/as, estudiantes, maestros/as, pueblos originarios y profesionales comprometidos/as. 

Son tiempos de lucha y no de actitudes tibias y concesiones. 

El momento histórico nos lo demanda, la industria cultural imperialista, la política guerrerista imperialista, la intromisión política imperialista debilitan los procesos de liberación y nos obliga a ponernos de pie y construir un definitivo levantamiento de los pueblos oprimidos. 

Si fuera necesario, estamos dispuestos/as a dar la vida en esta lucha por la liberación y la emancipación. 

Nos acompañan los innumerables motines, sublevaciones y revueltas protagonizadas por nuestros/as hermanos/as que se han levantado de norte a sur y de este a oeste. 

Su lucha, anónima y subterránea, nos inspira en este camino de la construcción del hombre y la mujer nueva.

- Por nuestros/as abuelos/as, por nuestras madres y nuestros padres, por nosotros/as y por nuestros/as hijos/as es que proponemos:

• La Historia de lucha de nuestros pueblos nos convoca a iniciar desde ahora, el 2015 el Segundo y Definitivo Levantamiento Continental.

• Intensificar los métodos de lucha en todo el mundo y en todos los rincones donde se encuentre el imperialismo.

• Recuperar el nombre de Abya Yala para nuestro continente

• Declarar la descolonización como piedra fundamental 

• Revalorizar el rol de la memoria y la transmisión oral como forma de preservación de nuestras identidades

• Incorporar en los planes de estudio escolares la descolonización como eje transversal de todas las materias. 

• Establecer escuelas populares de nuestras lenguas para asegurarnos que se mantengan vivas las concepciones del mundo que estas lenguas expresan

• Exigir que nuestros medios estatales de comunicación disputen en el imaginario social contra los conceptos etno y eurocéntricos y difundan la visión de nuestros pueblos

• Recuperar nuestros héroes como forma de recobrar la historia de nuestras luchas

NUNCA MÁS RACISMO Y DISCRIMINACIÓN EN NUESTROS TERRITORIOS
POR UNA PATRIA GRANDE LIBRE Y SOBERANA
HASTA QUE EL PUEBLO MANDE

POR UN MUNDO DONDE QUEPAN MUCHOS MUNDOS

O SE MUERE EL CAPITALISMO O SE MUERE LA MADRE TIERRA
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE


Viceministerio de Descolonización – Estado Plurinacional de Bolivia