lunes, 29 de julio de 2019

Argentina- ¿Por qué hablar de genocidio indígena?


LA CONSTITUCIÓN DEL ESTADO ARGENTINO Y LA ANULACIÓN DE LA DIVERSIDAD / 


Matanza de los miembros del grupo, lesión grave a su integridad física o mental, sometimiento a condiciones de existencia que acarreen su destrucción física, medidas destinadas a impedir nacimientos, traslado de niños por la fuerza. Cualquiera de estas acciones cometida con la intención de eliminar total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso constituye lo que la ONU definió en 1948 como genocidio. 

Todas fueron perpetradas contra las poblaciones originarias y negadas por un relato que hegemonizó durante más de un siglo la interpretación del paso del país a la modernidad. Aquí, un análisis minucioso de los archivos, los registros documentales y de la historia oral que dan cuenta de estos actos criminales, con la mirada puesta en la urgencia de su reconocimiento o, lo que es lo mismo, en el fin de su continuidad.

Por Diana Lenton
Profesora titular de la carrera de Ciencias Antropológicas de la UBA. Investigadora independiente del CONICET. Especialista en genocidio y políticas indígenas.

Fotos: Sebastián Miquel

Todos hemos escuchado o leído alguna vez, en las aulas o en los medios, que el Estado argentino se consolidó y comenzó a ser “civilizado” a fines del siglo XIX, una vez derribadas las fronteras interiores, es decir, una vez “resuelto” el llamado “problema indígena”. Ese “problema” consistía en la persistencia de sociedades culturalmente diversas y con relativa autonomía en territorios que el Estado, aunque no controlaba, comenzaba a considerar como propios.1 Este relato, que hegemonizó durante más de un siglo la interpretación del paso del país a la modernidad, inclusive atravesando diferentes posiciones ideológicas y partidarias, no sólo no da cuenta del genocidio producido contra los pueblos indígenas, sino que contribuye a la repetición y continuidad de las acciones y relaciones genocidas, en lo que se denomina la realización simbólica del genocidio.2

La caracterización del genocidio requiere ajustarse a una definición técnica, que es provista en 1948 por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de la ONU. Esta definición, construida a partir de la experiencia del genocidio perpetrado por los nazis, y anteriormente por el Imperio otomano contra los armenios, abarca “cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo; e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo”.3

Las distintas modalidades descritas en esta definición nos ayudarán a organizar la diversidad de acciones que se han informado como parte de la violencia contra los pueblos originarios, y que quedaron registradas en distintos archivos y repositorios documentales, así como en la historia oral, que persiste hasta hoy en la memoria de las víctimas o sus descendientes.

Matanza de miembros del grupo

Si bien la violencia del Estado contra los pueblos originarios y la voluntad centralista de anulación de la diversidad no empiezan ni finalizan con ellas, las llamadas “Campañas del Desierto” (Pampa y Patagonia, 1878-1884, y en menor medida Chaco, 1884-1950) quedaron en la memoria popular como el epítome de la acción de “conquista” de los territorios “salvajes”. La acción de propaganda fue muy intensa en los mismos momentos en que se producían, en especial porque dichas campañas contribuyeron en gran medida a forjar la carrera política de muchos de los “próceres” de la llamada Generación del 80, y en particular la de Julio A. Roca. Sin embargo, la avalancha publicitaria de las campañas no debe confundirnos en cuanto a ignorar la existencia de voces disidentes. Más aún, puede decirse que, lejos de tratarse de una confrontación actual, anacrónica y descontextualizada, la crítica en esos mismos momentos de numerosos sectores de la prensa, de la Iglesia, de la oposición política e inclusive del oficialismo a las formas –más que a los fines– en que se realizaron las campañas fue lo suficientemente potente como para obligar al roquismo y sus continuadores a una permanente empresa de propaganda y legitimación de sus acciones, y de glorificación de sus protagonistas.


La captura de niños también se orientó a satisfacer antojos aristocráticos de la población civil, que presionaba a los militares para que la proveyeran de criaditos. Esta práctica perduró hasta bien avanzado el siglo XX. Lo que se legitimaba como obra de beneficencia en pro de la “salvación de los niños” constituyó quizás el mayor dispositivo de terror que el Estado aplicó sobre los pueblos originarios.

Entre las medidas tendientes a la glorificación se encuentra la equiparación de las acciones contra los indígenas con las gestas libertadoras de la nación.4 Dicha paridad se expresó tanto en discursos oficiales como en obras de arte destinadas a consolidar la épica de la conquista para la posteridad. Un ejemplo es el conocido cuadro “Ocupación militar del Río Negro en la expedición al mando del General Julio A. Roca”, pintado en 1889 por el artista uruguayo Juan Manuel Blanes, por encargo del Poder Ejecutivo Nacional. La pintura, reproducida en cientos de libros de texto y hasta en uno de los billetes de mayor circulación, no es documental y no refiere a un momento de la campaña que haya ocurrido en realidad, sino que responde al objetivo de representar una galería de jefes militares valientes y dignos, despegados de la masa de soldados, suboficiales y civiles acompañantes, que aparecen en un lugar claramente subordinado en el registro.



Al mismo objetivo responde la serie de monumentos a Julio A. Roca que se extienden por todas las provincias, en su mayoría generados en la década de 1930. Aunque son obra de diferentes artistas, en todos los casos representan a un militar a caballo, en sintonía con los monumentos levantados en honor a los principales próceres de la Independencia.

En dirección contraria, los críticos de la campaña –ya se trate del senador Domingo F. Sarmiento al momento de producirse, o de revisionistas como José María Rosa, más de medio siglo después– señalaron como un demérito de la misma que se trató de “un paseo militar”, al decir del primero, esto es, que la llamada “guerra al malón” ocultaría fraudulentamente la real escasez de “batallas” y de acciones de arrojo en territorio indígena.

Sin caer en la banalización de la violencia, algo de razón tienen estos últimos. La serie de campañas que lograron incorporar la Pampa y la Patagonia documentan muy pocos encuentros que pudieran denominarse “batallas”; y, cuando los hay, los partes oficiales refieren pocos contendientes, especialmente del lado indígena. Las listas de soldados fallecidos que se utilizaron para el cálculo de los premios en tierras5 refieren a una mayoría de muertes por ahogamiento durante el cruce de los ríos, por accidentes de todo tipo y enfermedad, así como por deserciones, en mayor medida que como consecuencia de acciones de guerra.

Las pistas que nos permitan comprender las características de la acción militar genocida deben buscarse, entonces, por fuera de los discursos hegemónicos.

Los gxam o ngütram –género narrativo mapuche identificado con la historia– conservados en la memoria de los ancianos describen entraderas sorpresivas sobre las viviendas familiares que incluyen incendios y degüello de adultos, niños y animales domésticos, así como angustiosas huidas por tierras hostiles y áridas para evitar la confrontación con las fuerzas militares distribuidas en forma de pinzas en torno a poblaciones que claramente no conformaban ejércitos que pudieran ofrecer una resistencia eficaz.6

Entre la documentación escrita, los registros de prensa sobre la llamada “matanza de Pozo del Cuadril” son un ejemplo ilustrativo. En noviembre de 1878, en los inicios de las campañas, un grupo de familias ranqueles se aproximó a la ciudad de Villa Mercedes, en San Luis, con la que tenía antiguos vínculos sociales y económicos, para cobrar las raciones prometidas de un tratado de paz firmado apenas tres meses antes con el gobierno federal. Estas raciones eran la compensación ofrecida por el Estado a cambio de la reducción de los espacios de cacería, pastoreo y/o siembra de las tribus. Sin embargo, el teniente Rudecindo Roca, a cargo de esa sección de la frontera, los atacó a traición, tomando numerosos prisioneros. De ellos, las mujeres y niños fueron enviados a Tucumán como mano de obra forzada, y los sesenta varones fueron fusilados en un corral. Este hecho fue debatido y denunciado en la prensa de la época, mereciendo espacio en los diarios El pueblo Libre de Córdoba y La Nación de Buenos Aires, cuyos editorialistas no dudaron en calificarlo, ya en ese momento, de “crimen de lesa humanidad”.7

El comandante Manuel Prado, en sus memorias,8 describe el ataque a las “tolderías” de Nahuel Payún y relata lo que reconoce como la mecánica usual de la campaña: la entrada sorpresiva en las viviendas, de madrugada, cuando sólo se encuentra la “chusma”, es decir, mujeres, niños y ancianos, la destrucción total de la aldea y el arreo de los prisioneros, retenidos como “anzuelo” para lograr la rendición de los guerreros.9



También el parte del subjefe de brigada Miguel E. Vidal a su superior Conrado Villegas, el 27 de marzo de 1881, expresa: “A las dos de la mañana recibí orden del Gefe de la Brigada coronel Lorenzo Wintter, de [...] buscar el paraje Quemequemetreo donde debía existir la toldería del capitanejo Movfinqueo [...] en este orden ataqué las tolderías haciéndoles una persecución a los que huían [...] donde hice alto por serme imposible continuar más adelante por el mal estado de la caballada [...] habiendo dado por resultado la toma de veinte y ocho de chusma, diez y siete muertos, trescientas y tantas cabezas de ganado vacuno, quinientos y pico entre caballos y yeguas y [...] mil trescientas ovejas, que quedaron en mi poder [...] la toldería se había concluido”.10

Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo

Si no podemos hallar escenarios de enfrentamientos masivos que den cuenta del exterminio de los originarios, tenemos en cambio documentación suficiente de los traslados, caminatas forzadas, concentraciones en estado de hacinamiento y lugares de trabajos forzados, donde muchos encontraron la muerte.

Los prisioneros eran sometidos a interminables travesías a pie, desde sus asentamientos hasta las ciudades o campos donde se producía su concentración y distribución. Así, niños, adultos o ancianos, heridos, parturientas y –cada vez más– enfermos y hambrientos luchaban por sobrevivir y por permanecer juntos, soportando la violencia incontrolada de los sicarios del Estado y con la incertidumbre de lo que esperaba al final del camino.

Los documentos oficiales, bastante abundantes en lo que respecta a los lugares de destino, son en cambio casi inexistentes en cuanto a las condiciones en que se trasladaban los vencidos. Las largas caminatas constituyen un tópico fundamental en las contadas de los mapuche-tehuelche, condensando un dolor que no cesa con el paso de las generaciones. Malvestitti y Delrio recogen varios testimonios en ese sentido: “Decían cómo los ataban, cuando los arreaban, dice que arreaban las personas, las que iban así embarazadas cuando iban teniendo familia le iban a cortar el cogote del chico y la mujer que tenía familia iban quedando tirao, los mataban. Venían en pata así a tamango de cuero de guanaco, así decía mi abuela. Los llevaban al lugar donde los mataron a todos, de distintos lados, los que se escaparon llegaron para acá. Dios quiera que nunca permita eso de vuelta...”.11

En el norte del país, los traslados se convirtieron también en un lugar de muerte y desaparición. “Cuando fue sometido y prisionero junto con los leales de él, fue conducido por la orilla del río Teuco hasta el puerto de Bermejo. Luego fue embarcado en un buque de guerra a través del Paraná, hacia un rumbo desconocido. El barco hizo su primer anclaje en Santa Fe e hicieron bajar a unas cuantas familias, desde ese momento ellos notaron la ausencia de Meguesoxochi. Los compañeros que estaban atados de pie o mano se dieron cuenta de que no se encontraba con ellos. Sospecharon que durante el trayecto fue matado”.12

Un aspecto complementario de los traslados compulsivos es el de las huidas. En esos “largos peregrinajes” de las familias o personas solas que lograban escapar del Ejército, en general hacia los territorios más allá de la frontera, se repitieron las circunstancias de extrañamiento, hambre, enfermedad y muerte. Su recuerdo hoy reactualiza la memoria de lo sufrido, creando a la vez sentidos de comunidad entre personas cuyos antepasados “caminaron juntos” y que han reconstituido comunidades lejos de sus lugares de origen, con los sobrevivientes de antiguas comunidades desmembradas, en un mundo ajeno.

María Huilinao cuenta así lo que le contó su abuela: “Ella me contaba... una noche se puso a charlar sobre cómo llegó acá, a su lugar de aquí de Vuelta del Río. Y dice: ‘yo sufrí mucho, me dice, porque disparamos, con la mamá, y otra hermanita que llevaba pero que se pasó a morir por el camino, murió de hambre’ dice. Así que ellos dicen que iban acampando tres meses, por ahí, hacían tres meses de campamento. Y comiendo lo que llevaban, por ejemplo, trigo... hacían ñaco. Y eso usaban para comer. Pero dice que echaban ñaco en el jarro, le echaban un poquito de azúcar, y dicen que se tomaban medio jarrito de agua. Y ese ñaco dice que lo dejaba en el jarro para tomar más adelante cuando ellos salían marchando [...] Ahí descansaban... se acampaban para un mes, dos meses... para acercarse, y llegar... y estar más tranquilos [...] Si traían algo para comer dice que un cachito de pan comían... sólo para darle el sabor al paladar. Carne dice que no conocían. Pero la más pena grande que a mí me dio fue cuando contaron que traían un perro, lo carnearon y comieron. Esa es la tristeza más grande que hoy en día uno...”.13

Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial

Los indígenas que sobrevivían a los ataques militares y a los traslados eran concentrados en lugares delimitados. Estos lugares son recordados en los relatos de sus descendientes, y también mencionados en otro tipo de fuentes, generadas por misioneros, pobladores vecinos, viajeros, además de infinidad de registros administrativos de la agencia militar o civil. Entre los campos más conocidos se encuentran Martín García (Buenos Aires), Valcheta y Chichinales (Río Negro), Rodeo del Medio (Mendoza), por los cuales circularon o se quedaron miles de personas, además de los espacios contiguos a los principales fuertes y regimientos en la frontera –donde los caciques se “presentaban” con su gente al rendirse– y en las principales ciudades (Río Cuarto, Santa Fe, Buenos Aires).



En el norte del país, los campos militares cedieron paso a partir del siglo XX a otros centros de concentración y redistribución, como las misiones franciscanas (Tacaaglé y Laishí en Formosa, y Nueva Pompeya en Chaco) o protestantes (Misión Chaqueña, o Misión San Patricio y Misión La Paz en Salta), y al ensayo de reducciones estatales que se produjo entre 1911 y 1950 aproximadamente (Napalpí en Chaco; Bartolomé de las Casas, Florentino Ameghino y Francisco Muñiz en Formosa). En todos los casos, los indígenas eran redistribuidos desde estos centros a pedido de los empresarios de la región para el trabajo en ingenios, obrajes, cultivos y obra pública, y vigilados por el Ejército; y también constituyeron emprendimientos económicos en sí mismos, donde la mano de obra indígena sufrió condiciones evidentes de sobreexplotación que con el tiempo incidieron, por ejemplo, en los tristemente conocidos episodios de Napalpí (Chaco, 1924) y La Bomba (Formosa, 1947).14

El trato dispensado a los prisioneros, y especialmente la separación de las familias, fue objeto de escándalo desde el primer momento. En el Congreso nacional, el senador Aristóbulo del Valle afirmaba en 1884: “Hemos tomado familias de los indios salvajes, las hemos traído a este centro de civilización, donde todos los derechos parece que debieran encontrar garantías, y no hemos respetado en estas familias ninguno de los derechos que pertenecen, no ya al hombre civilizado, sino al ser humano: al hombre lo hemos esclavizado, a la mujer la hemos prostituido; al niño lo hemos arrancado del seno de la madre, al anciano lo hemos llevado a servir como esclavo a cualquier parte; en una palabra, hemos desconocido y hemos violado todas las leyes que gobiernan las acciones morales del hombre”.15

Las “lesiones físicas y mentales y el sometimiento a condiciones de destrucción” son claramente identificables en los documentos que revelan la alta tasa de mortandad y enfermedades sufridas, por ejemplo, por los indígenas trasladados a Martín García. Las actas bautismales expresan que la mayor cantidad de bautismos eran efectuados in articulo mortis. El libro de defunciones de la parroquia indica que fallecieron en la isla 234 indígenas en menos de cinco meses, la mayor parte a causa de viruela. El médico de la isla advertía que “Indudablemente venían ya impregnados o contagiados [...] El trabajo pesado y laborioso no podrá menos que ser nocivo a muchos de ellos [...] en la debilidad en que se hallan los más, por su falta de buena alimentación, en las penurias que viven padeciendo; el abatimiento moral, pues sienten ellos la pérdida del desierto... y además las enfermedades”.16

En Tucumán, la explotación desmedida de la mano de obra forzada compuesta por indígenas capturados en la Pampa y el Chaco mereció la intervención de los Defensores de Pobres y Menores. Mientras, la prensa registraba esporádicamente fugas de los establecimientos azucareros. El diario La Razón reflexionaba el 29 de octubre de 1885: “¿Cuántos indios quedan en los ingenios de los que se repartieron en años anteriores? Casi ninguno [...] Largas y dolorosas historias se han referido de la permanencia de los salvajes entre nosotros, hasta que la desaparición de todos ellos ha terminado su martirio”.17

Si bien no podemos calificar como un plan de eliminación física la deportación hacia los ingenios de Tucumán o Misiones, las estancias cuyanas o la isla Martín García, estos lugares crearon las condiciones de destierro y hacinamiento en un territorio hostil y desconocido, bajo nuevas prácticas impuestas y controladas por el Estado y en circunstancias de indefensión y vulnerabilidad sanitaria. En suma, un escenario de prácticas que lesionó gravemente la integridad física y mental de los indígenas, sometiéndolos a condiciones propicias para su destrucción.

Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo

Es posible deducir la intencionalidad genocida en variables menos explícitas, como la de impedir su reproducción dentro de sus propias sociedades. Podemos advertir que la intervención de la agencia militar condujo por lo general a la separación de hombres, mujeres y niños como medida de prevención, disuasión y represión bélica y moral. Por eso, la primera disposición tomada por el Ejército sobre los cuerpos reducidos es su clasificación. Los desmembramientos de las diferentes familias y agrupaciones indígenas estaban determinados también por la compulsiva incorporación de los hombres en edad reproductiva a las filas del Ejército y la Marina. A veces esas personas volvían a reunirse en los destinos que se les fijaban; por lo general no se reencontraron nunca.

Aun concediendo que la separación de los sexos obedeciera a las razones aludidas, es difícil creer que la generación de gobernantes que llevó a cabo las campañas contra los indios, en pleno auge del darwinismo social y la eugenesia, no considerara también la posibilidad de la extinción por estas vías. El diputado nacional Manuel Cabral escandalizó a la sociedad en 1900 al sostener: “Lo que debemos es llevar gente que establezca el cruzamiento con los indígenas para que se pierda por completo la raza primitiva [...] El resultado que nosotros queremos [es] suprimir la gente salvaje de una generación a la otra”.18

La receta de Cabral nos remite a un factor asociado al mestizaje, que es el de la violencia sexual en contexto de violencia política y militar.19 Frente a la abundancia de lamentos por la situación de las cautivas blancas en los “aduares indios”, la “toma” de mujeres indígenas por parte de los soldados vencedores no suscitó muchos comentarios. El comandante Prado, autor de profundas críticas a la campaña, prefirió en esta cuestión disfrazar la violación encubierta de libertad de elección: “Luego [de una acción de guerra victoriosa], viniéndose a nuestras filas el coronel Villegas nos dijo: –Así me gusta. Se han portado ustedes como soldados del 3º. Tendrán 48 horas de permiso y se les regalará a cada uno un caballo de los tomados a los indios. Y en cuanto a las mujeres, a ver si quieren vivir con los milicos.–... Ninguna rehusó”.20

Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo

El traslado por la fuerza de niños indígenas para ser entregados a diversos sectores de la sociedad argentina ha sido una constante. Ya fuera en el momento del enfrentamiento militar, como práctica masiva hacia los prisioneros, o hasta muy recientemente, en forma de extracción paulatina y generalizada.

Son numerosos los pedidos de niños y mujeres jóvenes por diferentes familias de Buenos Aires y otras ciudades para el servicio doméstico. La captura de niños era una práctica militar frecuente, tendiente al debilitamiento de las estrategias enemigas. Pero también fue orientada a satisfacer antojos aristocráticos de la población civil, que presionaba a los militares para que la proveyeran de criaditos. Esta práctica perduró en ciertos sectores sociales hasta bien avanzado el siglo XX. Lo que se legitimaba en las ciudades como obra de beneficencia en pro de la “salvación de los niños” constituyó quizás el mayor de los dispositivos de terror que el Estado aplicó sobre los pueblos originarios. Terror y sufrimiento que alcanzó a registrar la prensa contemporánea. Por ejemplo: “Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros. La desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”.21

Un paso previo al desmembramiento de los grupos de indígenas fue el de borrar sus nombres nativos e imponerles uno “cristiano”. Por ejemplo, las actas de bautismo localizadas en las parroquias tucumanas abundan en niños “pampas” bautizados entre 1878 y 1879. Sin embargo, en ningún caso aparecen sus nombres originales, ni los de sus padres y sus lugares de origen, sino tan sólo los de sus nuevos “padrinos”. Sobre cientos de actas que relevamos en la provincia, ninguna dejó escapar información que pudiera ayudar a reconstruir esta identidad perdida.22

En el extremo norte del país pudo constatarse que la colonia Francisco Muñiz funcionó hasta 1950 como centro de reducción de niños que eran separados compulsivamente de sus padres wichi, qom o pilagá.23 Detrás de una pantalla pedagógica –tal como sucedió con las llamadas “generaciones perdidas” en Canadá y Australia– se consumaba la destrucción de los lazos culturales y familiares de los pueblos del Norte.

En efecto, el último punto de la definición de genocidio provista por la ONU no hace referencia a la extinción o el daño físico –aunque sabemos que las colonias infantiles también fueron lugares de altas tasas de enfermedad y muerte–, sino a la destrucción de la memoria, la interrupción de la transmisión cultural y la desestructuración del sistema de parentesco de sus sociedades de origen. El alejamiento forzado de los niños –su secuestro, al igual que durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica– tuvo por finalidad la extinción de los lazos de los pueblos originarios con su pasado y su futuro, y a la vez contribuye a la falta de conocimiento de una parte importante de nuestra población sobre sus orígenes individuales y colectivos. Por eso, la continuidad de los efectos de estos hechos en el presente asegura la imprescriptibilidad de su carácter criminal.

Notas

1 Los pueblos originarios comparten el lugar en este relato con la resistencia política representada por los llamados caudillos y otros líderes populares, y con los descendientes de los esclavos africanos. Sin embargo, la anulación de la resistencia de los grupos indígenas, asociada en el relato a su “inevitable extinción” física ante el “avance arrollador de la civilización”, se desarrolló en la forma de un paradigma más orgánicamente asociado a la constitución de la argentinidad.

2 Véase Feierstein, Daniel (2007). El genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia argentina. Buenos Aires: FCE.

3 Artículo 2 de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Si bien existen otras conceptualizaciones con respecto a la práctica genocida, esta es aceptada en el ámbito internacional y ha sido utilizada en diferentes instancias judiciales. Para mayor información sobre el concepto y sus variables, véase Brodsky, Patricio (2015). Genocidio. Un crimen moderno. Reflexiones sobre genocidio y modernidad. Buenos Aires: Tips.

4 Uno de los mecanismos para ello fue la construcción, a partir de 1878, de una teoría de la extranjeridad de los indígenas, “a la medida” de los objetivos políticos del momento. Estas teorías, redactadas en particular por Estanislao Zeballos, aún perduran y son utilizadas para legitimar la represión y la exacción de derechos a los pueblos originarios.

5 Archivo Histórico del Ejército, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

6 Véase Malvestitti, Marisa y Walter Delrio (2018). “Memorias del awkan”. En: Delrio W., D. Escolar, D. Lenton y M. Malvestitti (comp.), En el país de nomeacuerdo. Archivos y memorias del genocidio del Estado argentino sobre los pueblos originarios, 1870-1950. Viedma: Editorial de la UNRN. Disponible en: https://es.calameo.com/read/001222612e8b58fbbe9d7.

7 La Nación, 16 y 17 de noviembre de 1878. Véase Lenton, Diana y Jorge Sosa (2018). “De la mapu a los ingenios. Derroteros de los prisioneros indígenas de la frontera sur”. En: Delrio W., D. Escolar, D. Lenton y M. Malvestitti (comp.), op. cit.

8 Prado, Manuel (2005 [1935]). Conquista de la Pampa. Cuadros de la guerra de frontera. Buenos Aires: Taurus.

9 Decía el ministro de Guerra Adolfo Alsina en 1877: “Pincén es un indio indómito y perverso, azote del oeste y norte de la provincia [de Buenos Aires, y] jamás se someterá, a no ser que, por un golpe de fortuna, nuestras fuerzas se apoderen de su chusma. Si esto último no sucede, Pincén se conservará rebelde”. Prado, Manuel (1979). La guerra al malón. Buenos Aires: Eudeba. 

10 Villegas, Conrado (1977 [1881]). Expedición al Gran Lago Nahuel Huapi en el año 1881. Buenos Aires: Eudeba.

11 Malvestitti y Delrio (2018), op. cit.

12 Véase Sánchez, Orlando (2009). Toba. Historia de los aborígenes qompi (tobas) contada por sus ancianos. Resistencia: Librería de la Paz. 

13 Esta y otras historias se cuentan en la ponencia de Ana Ramos, “‘Cuando la casa escondida apareció a la vista’. Memorias en y de desplazamiento”, presentada en las 4ª Jornadas de Historia de la Patagonia, Santa Rosa de La Pampa, 20-22 de septiembre de 2010.

14 Véase Musante, Marcelo, Alexis Papazian y Pilar Pérez (2014). “Campos de concentración indígena y espacios de excepcionalidad en la matriz Estado-nación-territorio argentino”. En: J.L. Lanata (comp.), Prácticas genocidas y violencia estatal en perspectiva transdisciplinar. San Carlos de Bariloche: IIDYPCA-Conicet. También Mapelman, Valeria (2015). Octubre Pilagá. Memorias y archivos de la masacre de La Bomba. Buenos Aires: Tren en Movimiento.

15 Congreso de la Nación Argentina, Diario de Sesiones del Senado, 19 de agosto de 1884. Véase también Lenton, Diana (2014). “De centauros a protegidos. La construcción del sujeto de la política indigenista argentina desde los debates parlamentarios (1880-1970)”. En Corpus-Archivos Virtuales de la Alteridad Americana, 4(2). Disponible en: https://corpusarchivos.revues.org/1290.

16 Véase Papazian, Alexis y Mariano Nagy (1018). “De todos lados, en un solo lugar. La concentración de indígenas en la isla Martín García (1871-1886)”. En: Delrio, W., D. Escolar, D. Lenton y M. Malvestitti (comp.), op. cit.

17 Véase Lenton y Sosa (2018), op. cit.

18 Congreso de la Nación Argentina, Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación, 4 de enero de 1900.

19 Véase un análisis más detallado en Lenton (2014), op. cit.

20 Véase Prado (1979), op. cit.

21 El Nacional, 21 de enero de 1879. Véase Bayer, Osvaldo (2010). “Prólogo. Comenzar el debate histórico sobre nuestra violencia”. En: Bayer, O. y otros, Historia de la crueldad argentina. Julio A. Roca y el genocidio de los pueblos originarios. Buenos Aires: El Tugurio.

22 Véase Lenton y Sosa (2018), op. cit.

23 Véase Mapelman (2015), op. cit.

https://www.revistamaiz.com.ar/2019/01/por-que-hablar-de-genocidio-indigena.html?m=1&fbclid=IwAR2_4lGGLmyokaOS6WtEZr69tlZu9T5wCv40C_HMg2YYYKu20od4Y8pe-j0

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martes, 23 de julio de 2019

Perú- Comunidades y federaciones indígenas de la región Ucayali rechazan el dragado de los ríos amazónicos


Contundente rechazo al dragado de la Hidrovía

Servindi, 22 de julio, 2019.

- Un contundente rechazo al dragado de los ríos amazónicos acordó una reunión de 35 comunidades y federaciones indígenas de la región Ucayali reunidas del 18 al 20 de julio en Canaán de Cachiyacu.

El pronunciamiento suscrito denuncia que el dragado "afectará en forma profunda y para siempre la vida de los ríos y los pueblos" y pide una reunión de emergencia al Presidente de la República para que escuche el clamor del pueblo indígena respecto a esta grave amenaza.

Entre los efectos del dragado detallan los cambios impredecibles en la ruta y cauce de los ríos, baja del caudal, inundaciones, destrucción de islas, quirumas, cochas y aguajales cercanos.

También, afectará a la reproducción de los peces, la flora y fauna de los ríos, la seguridad alimentaria, provocará oleadas y accidentes a pobladores y canoas, aumentará los pasajes y fletes, entre otras desgracias.

Preparan acciones

Las comunidades y organizaciones indígenas adoptaron once acuerdos, entre estos, preparar una denuncia judicial para invalidar el contrato de concesión de la Hidrovía Amazónica otorgado por Pedro Pablo Kuczynski.

Otra medida es iniciar una acción legal ante el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (Senace) para que cancele el estudio de impacto ambiental (EIA) del proyecto elaborado sin estudios de ingenieria y suficientes.

Alerta anticorrupción

El evento acordó alertar al sistema anticorrupción para evitar se repitan los mecanismos tramposos de corrupción como sucedió con la carretera interoceánica sur, que finalizó con un sobrecosto de 500% que solventó el pago de millonarias coimas a funcionarios.

Para tal efecto, se acordó preparar acciones legales ante la Contraloría General de la República, la Defensoria del Pueblo y el Congreso de la República para que inicien investigaciones.
Continuarán acciones

El acuerdo fue suscrito por la Federación de Comunidades Nativas de Ucayali (Feconau), la Federación de Comunidades Nativas del Distrito de Iparia (Feconadip), Federación de Comunidades Indígenas del Distrito de Padre Marquez (FEDCIPAM).

Asimismo, por el Consejo Shipibo Conibo Xetebo (Coshikox), la Organización Regional Aidesep Ucayali (ORAU) y la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep).

Se anuncia la preparación de una gran asamblea de 454 comunidades afectadas por el dragado y sus respectivas federaciones para acordar acciones concretas en defensa de la vida y derechos de los pueblos indígenas.
Exigen pronunciamiento. No al silencio cómplice

El cónclave exige al Gobierno Regional de Ucayali (GOREU) pronunciarse a favor de mejorar el transporte fluvial en el Ucayali, sin la necesidad de destruir la vida y pueblos, unidos a este gran río y afluentes.

También solicitar al gobierno de Alemania, garantizar que su cooperación con el Senace y la Reserva Nacional Pacaya Samiria "no se avale la destrucción de las nacientes del Amazonas y su impacto mundial".

Solicitan al Gobierno de Holanda, garantizar que la empresa “Royal Haskoning” no avale con la ingeniería de la hidrovia, los graves impactos sociales, culturales, ambientales y climáticos, quenel proyecto conlleva.

Finalmente, convocan a los colectivos juveniles, ambientales y culturales a desarrollar protestas pacíficas y democráticas, en defensa de los ríos vivos sin dragado.

De igual modo, solicitan que que las instituciones ambientales y climáticas nacionales e internacionales se pronuncien claramente y sin ambigüuedad y manifiesten su rechazo a esta actividad nefasta y nociva.



Lea el pronunciamiento completo a continuación:

Pueblo Shipibo Conibo rechaza el dragado de la Hidrovia Amazonica

Mejorar el transporte fluvial sin destruir la vida de ríos y pueblos
SENACE y MINAM deben rechazar el EIA ya que no cuenta con base científica ni ingeniería

Reunidos en Canaán, del 18 al 20 de julio del 2019, en el “Encuentro del Pueblo Shipibo Conibo”, con la participación de 35 comunidades locales y dirigentes de las federaciones: FECONAU, FECONADIP, FEDCIPAM, COSHICOX, así como de ORAU y AIDESEP; a puertas de las Audiencias Públicas y considerando que el proyecto no genera beneficios directos a nuestras comunidades analizamos el proyecto Hidrovia Amazónica y el peligroso dragado por 20 años (o muchos más) de los ríos nacientes de la cuenca amazónica: Ucayali, Marañon, Huallaga y Amazonas. y manifestamos nuestros acuerdos ante los involucrados en este proyecto: El consorcio Peruano Chino (Cohidro) y Holanda (Haskonnig), El estado peruano (MTC, MINAM, SENACE, PCM) y la opinión pública nacional e internacional.

Rechazar el dragado (componente principal de la Hidrovia) en 13 (o más) amplias zonas de esos ríos, porque afectará en forma profunda y para siempre la vida de los ríos y los pueblos mediante: Cambios impredecibles en su ruta y cauce, baja de caudal, inundaciones, destrucción de islas, quirumas, cochas y aguajales cercanos, afectaciones a los mijanos y reproducción de peces, afectar la flora y fauna de los ríos, seguridad alimentaria, oleadas y accidentes a pobladores y canoas, aumento de pasajes y fletes de carga, invasión y conflictos con trabajadores chinos, adendas con sobrecostos y peligros de corrupción como la carretera interoceánica.

Reiterar que mejorar el transporte fluvial, no pasa por destruir los ríos con proyectos mal diseñados y negociados con extranjeros, Sinoi que puede y debe hacerse cumpliendo el Estado con sus obligaciones, de meojras y control de los puertos, embarcaciones, licencias, seguridad y con mediciones hidrológicas. Para eso existen instituciones y autoridades estatales, que deben sr reforzadas, en lugar de favorecer ganancias y negociados chinos, con graves perjuicios para el país.

Alertar el sistema anticorrupción (Contraloría, Fiscalía, Jueces, Defensoría) de que se repita en la Hidrovia, el mismo mecanismo y trampas de corrupción en infraestructura como son: “vender” a China un proyecto no detallado ni sustentado; pactar una inversión que por el mal diseño tendrá sobrecostos y adendas que multiplicaran la “deuda” estatal; asegurar las futuras ganancias chinas que pagara el pueblo en alza de pasajes y fletes. Evitemos que se repita en la hidrovia, el negociazo de la carretera interoceánica sur, con un sobre costo de 500% que pago todas las coimas a funcionarios estatales, con la vergüenza nacional.

Cuestionar el silencio del MINAM, que avala el desastre del Dragado-Hidrovia, violando las responsabilidades de sus dependencias, como son el SERNANP para frenar la afectación del Canal de Puhinahua de la Reserva Nacional Pacaya Samiria (RNPS); el silencio de la Dirección de Cambio Climático, ante la emisión de carbono en turberas; y el error del SENACE de haber aceptado “estudiar” un EIA, que no tiene listo el plan de ingeniería ni cuenta con rigurosos estudios ambientales de hidrología, sedimentos, biología, climático social, económico y cultural.

Exigir que los proyectos de servicios básicos no pueden usarse como “anzuelos” ni “chantaje” a cambio de aprovecharse de la pobreza, para aceptar el desastre de la Hidrovia Amazónica, ya que son obligaciones de un Estado que ahorra fondos públicos cada año por 60 mil millones de soles por “no ejecución de planes”. Rechazamos las maniobras, campañas, condicionamientos, para imponer este mal proyecto, y que demuestran la mala fe, así como el racismo tecnocrático de haber ignorado y maltratado la opción sobre los ríos, de los sabios y sabias indígenas.

Exigimos el cumplimiento de los acuerdos de consulta previa 2015.

Organizar una gran asamblea de las 454 comunidades afectadas y sus federaciones para adoptar acciones en defensa de nuestras vidas y derechos.

Denuncia judicial para invalidar el contrato de la hidrovía por diversos causales

Acción legal ante el SENACE para que se cancele el EIA sin ingeniería ni estudios suficientes

Acción legal ante la contraloría, Defensoría, Congreso de la república, para que inicien acciones de investigación

Exigir al GOREU que se pronuncie a 
favor de mejorar el transporte fluvial en el Ucayali, sin necesidad de destruir la vida y pueblos, que estamos unidos a este gran río y afluentes.

Solicitar al gobierno de Alemania, que garantice en su cooperación para la RNPS y SENACE no se avale la destrucción de las nacientes del Amazonas y su impacto mundial

Solicitar al Gobierno de Holanda, garantizar que la empresa “Royal Haskoning” no avale con la ingeniería de la hidrovia, los graves impactos sociales, culturales, ambientales y climáticos.

Convocar a los colectivos juveniles, ambientales y culturales, del país, a desarrollar protestas pacíficas y democráticas, en defensa de ríos vivos sin dragado.

Solicitar el pronunciamiento claro y no ambiguo, de las entidades ambientales y climáticas del Perú y del mundo, el rechazo a este mal proyecto de dragado e hidrovia

Solicitar una reunión de emergencia al Presidente de la Republica para que escuche el clamor del pueblo indígena en defensa de sus ríos y contra proyectos perjudiciales.

Canaán, 20 de julio del 2019

¡Por Ríos y Pueblos Vivos sin Dragado de Hidrovia y con mejor transporte fluvial!

¡Viva el Pueblo Shipibo Conibo y la Vida Plena en el Perú y el Mundo!

Firmado por los dirigentes y delegados de las comunidades de:

Nuevo Loreto
Alfonso Ugarte
Porvenir Paoyohan
Paococha
Raboya nativa
Santa Ana
Nuevo Nazareth
Nuevo Galilea
Nuevo Cunshamay
San Pablo de Sinuya
Cushuscaya
Nuevo Libertador
Santa Clara
Nuevo Sucre
Cannan de Cachiyacu
Bellavista
Canaan de Chia Tipishca
Milagritos
Nuevo Olaya
San Francisco de Rompeo
Golondrina
Puerto Adelina
Libertad
Isolaya
Santa Rosa de Pirococha
Canchahuaya
Nuevo Shetebo
Nueva Cajamarca
Santa Teresa
Trece de enero
Santa Rosa A
Trece Unidos
Santa Rosa B
Irazola
Vencedor
Tupac Amaru
San Luis de Charashmana
Manco Capac
La Cumbre
Nuevo Eden

Firma de dirigentes y delegados de:

AIDESEP
ARAU
FECONBU
FECNACURPI
FECONAU
FECONADIP
FEDCIPAM
COSHICOX


Acceda al pronunciamiento con las firmas de los participates con un clic en el siguiente enlace:
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https://www.servindi.org/21/07/2019/contundente-rechazo-al-dragado-de-la-hidrovia
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Nota de AYI: El dragado e intervención de los ríos amazónicos está incluido en el nefasto PLAN IIRSA 
http://www.davidzuker.com/wikilydia/2011/09/02/que-es-el-iirsa-la-destruccion-de-la-naturaleza-programada-por-la-economia-depredadora/  ), que contempla una serie de hidrovías, carreteras, puertos marítimos y fluviales, aeropuertos, etc.
El plan fue ideado por empresas transnacionales con apoyos dentro de los actuales países coloniales formados en los territorios ancestrales del cono sur del Abya Yala, tras la invasión cri$tiano europea. El propósito es continuar el saqueo y destrucción de la naturaleza, acabar con los poderes ancestrales, continuar el coloniali$mo y dome$ticación de los pueblos de tal forma de que todo se compre en supermercados.

miércoles, 3 de julio de 2019

Ekuador- Islas Galápagos: ¿de patrimonio de la humanidad a portaaviones de EEUU?


Galápagos: ¿de patrimonio de la humanidad a portaviones de EEUU?

Eduardo Tamayo y Helga Serrano | Martes 2 de julio 2019 19:00 hrs.

Estados Unidos siempre ha querido apoderarse de las Islas Galápagos (pertenecientes a Ecuador) invocando la política el Buen Vecino y la doctrina Monroe. Durante la segunda guerra mundial ocupó manu militari el Archipiélago durante 7 años. Actualmente, el gobierno de Lenín Moreno ha llegado a acuerdos con EEUU, de los cuales no se conoce su contenido, que permitirían a los militares extranjeros utilizar el aeropuerto de la Isla San Cristóbal.

Los ecuatorianos conocieron, en el mes de junio, la intención del gobierno de Lenín Moreno de permitir el uso de las Islas Galápagos por fuerzas militares estadounidenses, cuando el Ministro de Defensa del país andino, Oswaldo Jarrín, declaró que “Galápagos es un portaviones natural”. La indignación de la ciudadanía ecuatoriana y la preocupación mundial han sido inmediatas.

En una rueda de prensa con medios extranjeros, el ministro confirmó que en las Islas Galápagos operarán los aviones estadounidenses Orión P3 y Awaks, para la lucha contra el narcotráfico y la pesca ilegal, indicando que desde las islas se puede asegurar “permanencia, reabastecimiento y facilidades de interceptación”. Añadió que en función de esas operaciones, el aeropuerto de la Isla San Cristóbal sería ampliado y que “Estados Unidos se va a encargar de mejorar las condiciones, especialmente de reabastecimientos”. Como intentando calmar las voces que cuestionan su entreguismo, concluyó indicando que “cada operación será escoltada por oficiales ecuatorianos”.

Tanto Jarrín como Norman Wray, presidente del Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos, han indicado que no se está instalando una base militar extranjera y por tanto no se quebranta la Constitución. Precisamente para evitar una nueva situación como el uso de la Base de Manta por fuerzas estadounidenses, la Constitución aprobada por el pueblo ecuatoriana en 2008, dice en su Artículo 5: “El Ecuador es un territorio de paz. No se permitirá el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. Se prohíbe ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras”.

El artículo constitucional es muy claro, señala que no se permitirá el establecimiento de bases militares e “instalaciones extranjeras con propósitos militares”. Este sería el caso de lo que se proyecta para Galápagos: si no se trata de una base en el sentido clásico, se trata, sin duda, de instalaciones extranjeras (aviones, equipos de reabastecimiento, personal militar, etc.) en un aeropuerto ecuatoriano. Además, en este caso, se estaría cediendo una base militar a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras como se estipula en el Artículo 5 de la Constitución.

A su vez, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno manifestó vía tweet, que “la vigilancia aérea es una actividad conjunta entre varios países para cuidar este patrimonio mundial”. Esto quiere decir, que, para cuidar este patrimonio se requiere el concurso de EEUU, pero también de la cooperación ampliada junto de los gobiernos de Perú, Chile y Colombia “para tener una postura regional frente a este tipo de amenazas”, como señaló Norman Wray. 

En términos geopolíticos, esto quiere decir que el Ecuador se pliega a la geoestrategia militar de Estados Unidos de controlar América del Sur y todo el Pacífico suramericano en función de sus intereses y objetivos imperiales, centrados actualmente en la intervención en Venezuela, el combate al narcotráfico, las migraciones, especialmente de América Central, y la contención de China y de Rusia.

Pero Galápagos no sería el único “portaviones” de una fuerza aérea extranjera en el país, sino que habría otros dos más: el de Guayaquil y nuevamente el de Manta. 

Según el diario El Comercio del 19 de junio, “una vez que entren a operar las aeronaves desde Galápagos, la idea del Gobierno es crear el denominado “triángulo de seguridad”, que lo conforman Manta y Guayaquil. Eso ocurre porque en este momento el Orión P3 y el Awac ya vuelan desde el Puerto Principal y también lo pueden hacer desde la capital manabita”. (1)

En efecto, los aviones de inteligencia estadounidenses operan desde Guayaquil a partir de septiembre del 2018, en “viajes de reconocimientos, de toma de fotografías y de sensores,” según el ministro Jarrín.

Jarrín, quien encabeza el realineamiento y sometimiento del Ecuador hacia Estados Unidos, tiene una dilatada carrera militar y es conocida su posición abiertamente pro-estadounidense.

Inició su carrera militar en 1966 y ocupó altos cargos dentro de las Fuerzas Amadas. El 15 de enero de 2003, fue nombrado Jefe del Comando Conjunto de las FFAA por el entonces Presidente Lucio Gutiérrez, cargo del que salió el 18 de junio del mismo año en medio de rumores de desestabilización al Gobierno Nacional. (2)

El periodista Kintto Lucas, en su libro “Ecuador cara y cruz, tomo II”, reseña la estrecha relación del general Jarrín con el Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, James Hill, que incluyó recorridos por la selva ecuatoriana y reuniones en Miami, en las que se abordaron la “seguridad en la frontera colombo-ecuatoriana”, en las cuales Hill “argumentaba que la posición de su gobierno era regionalizar las operaciones del Plan Colombia”.

Tras el derrocamiento de Gutiérrez, el presidente Alfredo Palacio lo designó como ministro de Defensa el 19 de agosto del 2005, función que desempeñó hasta el 29 de agosto del 2006. En una ocasión, con relación a las luchas de los movimientos sociales que reclamaban la atención del Estado, Jarrín habló de conformar “una fuerza de paz para Ecuador” y señaló que “el Estado va a necesitar de un poder exterior para poder controlar la paz y el orden, reconstruir la nación y (que) probablemente al futuro tendremos un Haití en Ecuador” (3).


Con los mismos argumentos

La anunciada presencia militar estadounidense en las Islas Galápagos es el resultado de los acuerdos de cooperación entre el actual gobierno del Ecuador y Estados Unidos, particularmente en el campo militar. Estados Unidos pretende reinstalarse en el país andino, tras una década de distanciamiento, con el mismo argumento utilizado para la instalación de la Base de Manta: el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.

Cabe recordar que el 2 de agosto de 2018, el Ministro de Defensa informó que Estados Unidos tiene en funcionamiento una Oficina de Cooperación de Seguridad (OCS), acordada entre Ecuador y Estados Unidos, según el Ministro Jarrín, “por disposición presidencial y autorización de Cancillería y Defensa”.

Según el Departamento de Defensa de Estados Unidos, las OCS pertenecen a la Agencia de Asistencia de Seguridad de Defensa y su rol es realizar acciones que “promuevan los intereses de seguridad específicos de los EE. UU., incluidas todas las actividades internacionales de cooperación de armamentos y actividades de asistencia de seguridad”.

Con la justificación de la ‘cooperación’, fuerzas militares estadounidenses han retornado a Ecuador después de una década de haber sido expulsadas, cuando el gobierno de Rafael Correa acordó la no renovación del Convenio con Estados Unidos para el uso de la Base de Manta (firmado en 1999 con vigencia hasta el 2009), luego de la movilización y demanda de varias organizaciones sociales.

Mediante dicho Convenio, EEUU instaló un Puesto de Operaciones de Avanzada, (FOL por sus siglas en inglés, Forward Operating Location), que fue mucho más lejos de lo acordado. Aún está fresca en la memoria, las acciones arbitrarias de los militares estadounidenses durante su presencia en Manta: hundimiento de barcos ecuatorianos por fragatas estadounidenses; control de la migración; afectación a la actividad de los pescadores con la interdicción de buques ecuatorianos; la contratación de la compañía Dyn Corp, que había sido denunciada por actividades ilegales relacionadas con sistemas de contratación de mercenarios en otros países, entre otros.

Lo fundamental es que la Base de Manta, en palabras del comandante de la FOL, Javier Delucca, fue considerada como estratégica para el Plan Colombia, pues desde allí monitoreaban el conflicto colombiano. Incluso se ha afirmado que la Base de Manta fue clave para el bombardeo de Angostura (provincia ecuatoriana de Sucumbíos) por militares colombianos en cooperación con Estados Unidos en 2008, en el que murieron el dirigente de las FARC, Raúl Reyes, junto a 25 guerrilleros y civiles, que se encontraban en el campamento guerrillero.

Ahora la historia se repite. En el caso de la Base de Manta, inicialmente se llegó a un acuerdo entre la Cancillería y el Ministerio de Defensa con la Embajada de Estados Unidos. Toda la negociación y el convenio se mantuvieron en secreto, hasta que la presión popular exigió el pronunciamiento del Congreso Nacional.

Hoy con Galápagos, ocurre lo mismo. Incluso, a pesar de las declaraciones de las más altas autoridades del gobierno del Ecuador que han anunciado que se va a proceder con la cooperación con Estados Unidos en las Islas Galápagos, el Departamento de Defensa estadounidense las desmiente indicando que no ha firmado un acuerdo con el gobierno de Ecuador para utilizar el aeropuerto de Galápagos y no está en negociaciones formales para hacerlo (4). 

 ¿A quién creemos? Todo esto lleva a la necesidad de que se devele exactamente lo que el gobierno ecuatoriano ha acordado con EEUU a espaldas de la ciudadanía y de la Asamblea Nacional.



En riesgo frágil medio ambiente

Es importante recordar que el Archipiélago de Galápagos, ubicadas a 1000 kilómetros de la costa ecuatoriana, fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1978 por la UNESCO, al cumplir cuatro criterios, que parecen no tener importancia para quienes lideran la política de defensa: tener fenómenos naturales extraordinarios o áreas de belleza natural; ser ejemplos sobresalientes de la historia de la Tierra; tener ciertas características y procesos geomorfológicos y geológicos; ser ejemplo de procesos ecológicos y biológicos en el curso de la evolución de los ecosistemas y diversidad biológica y especies amenazadas. 

Recordemos que el investigador inglés Charles Darwin basó su teoría de la evolución de las especies en sus observaciones realizadas en Galápagos.

Se ha reconocido que, debido a su aislamiento y a millones de años de evolución, el Archipiélago de Galápagos tiene un ecosistema único en el mundo, lo que se vería seriamente amenazado si llegara a convertirse en “portaviones” para los militares estadounidenses, como pretende el gobierno ecuatoriano.

La exministra de Ambiente y actual Asambleísta de la Revolución Ciudadana, Marcela Aguiñaga, en Telesur (programa EnClave Política, 20-06-2019) alertó que se producirían afectaciones ambientales a San Cristóbal tanto por la ampliación del aeropuerto, como por las operaciones nocturnas previstas. Señaló que cualquier operación de esta naturaleza requiere de un estudio de impacto ambiental, por cuanto el ruido, la basura y los desechos causarán un impacto a la población y a las especies que habitan las Islas, más aun considerando que el aeropuerto está junto al centro poblado y a un lugar donde viven los lobos marinos, conocido como La Lobería.

Si San Cristóbal va a ser un lugar de abastecimiento de aviones, Aguiñaga se pregunta cómo se va a trasladar el combustible a 1000 kilómetros de distancia, en qué cantidad y cuáles son los planes de contingencia, más aun considerando que se había planteado reducir el uso de combustibles fósiles en las islas. La idea de cero combustibles fósiles para Galápagos nació precisamente luego del desastre ambiental causado por el naufragio del buque Jessica frente al Puerto Baquerizo Moreno en enero de 2001, en el que se derramaron unos 240.000 galones de combustible, generando un grave problema ambiental que afectó a varias especies (5).

La asambleísta concluyó que esta decisión del gobierno pone en riesgo la reserva de biósfera, la reserva marina de gran importancia mundial, y el derecho de los pobladores a vivir en un ambiente sano. Por ello, Aguinaga indicó que la Asamblea ha pedido la comparecencia de los ministros de Defensa y de Ambiente para que informen del contenido de los acuerdos y los impactos y planes de contingencia previstos.

Combate al narcotráfico

Uno de los argumentos que se esgrime para la instalación del portaviones de Estados Unidos en Galápagos es que servirá para combatir la amenaza de las mafias del narcotráfico y del crimen organizado, que están utilizando las rutas del Océano Pacífico para transportar droga en buques, lanchas rápidas y sofisticadas y avionetas. Así el general retirado Carlos Moncayo argumenta que “se hace necesario una cooperación con otra nación, como Estados Unidos, que tiene la capacidad operacional para enfrentar el crimen organizado y el narcotráfico”, agregando que el mejoramiento del aeropuerto es un beneficio para las operaciones militares propias del Ecuador y no americanas (6).


Sobre esto, se puede hacer las siguientes consideraciones:

Primera. Hay que partir puntualizando cuál es el enfoque que debe guiar la lucha anti-drogas que es indudablemente un flagelo que produce cada año miles de muertos y graves problemas en las personas que las consumen. Estados Unidos tiene una visión represiva, focaliza el problema en la oferta y traslada la lucha fuera de sus fronteras, con las consecuencias que ello tiene. 

 Otro enfoque alternativo señala que el de las drogas es, sobre todo, un problema de salud pública y de educación. 

 Estados Unidos en 2016 contaba con 27 millones de adictos, algunos de los cuales tenían un elevado poder adquisitivo, pudiendo pagar lo que sea para adquirirlas. 

Mientras no se reduzca la demanda es difícil que disminuya también la oferta. 

La Asamblea General de las Naciones Unidas, abordó el tema de las drogas en 2016 y propuso recomendaciones para reducir la oferta y la demanda, señalando que es necesario tomar medidas tanto en los países en los que se produce la droga, como en aquellos en las que se consume (7).

Segunda. La lucha anti-drogas ha sido utilizada por Estados Unidos como pretexto para fortalecer su posición de control y dominio geoestratégico del continente. 

 Tras la caída del Muro Berlín (1989) y la implosión de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (1991), bajo la tutela de la potencia del norte, se redefinieron las agendas de las Fuerzas Armadas de la región. 

 La “lucha contra el peligro comunista” que en muchos casos fue la razón de existir de las Fuerzas Armadas latinoamericanas fue reemplazada, primero, por la “lucha contra las drogas” y, tras el atentado a las Torres Gemelas (11 de septiembre de 2001), por la “lucha contra el terrorismo”. 

El combate a las drogas prohibidas se convirtió en un problema de seguridad nacional y se involucró en forma creciente a las Fuerzas Armadas. Los resultados de esta intervención en algunos países, como México o Colombia, son desoladores, como indican las impresionantes cifras de asesinatos, desplazados, desaparecidos y torturados.

Tercera. En la compleja lucha anti-drogas, algunos analistas indican que se debe establecer una estrategia integral, que contemple, entre otros puntos, atacar aspectos relacionadas con el control de los precursores que se utilizan para la refinación de la cocaína y otras drogas ilícitas, muchos de los cuales son fabricados por los países desarrollados; el control del lavado de dinero producto del tráfico y la venta de las drogas prohibidas que en su mayoría se queda en los paraísos fiscales y en los bancos de los países ricos; afrontar el problema como un tema de salud pública y de educación; no descartar la legalización de algunas drogas prohibidas para que el Estado y la sociedad puedan tener mayor capacidad para controlar e intervenir en el tema; afrontar la sustitución de los cultivos de coca con asistencia estatal, combate a la pobreza, dotación de servicios y participación de los campesinos.


¿Para qué sirven las bases?

El rol de las bases militares de EEUU tanto en América Latina como en el resto del mundo en la “guerra contra las drogas” debe ser debatido porque genera muchas dudas. 

 En Colombia, por ejemplo, las 7 bases militares que Estados Unidos tiene instalado en ese país y los cientos de millones de dólares invertidos desde la puesta en marcha del Plan Colombia en el año 2000 ciertamente no han servido para disminuir la producción y tráfico de la cocaína y otras drogas prohibidas. 

 En estos días, la ONU dio a conocer el Informe Mundial de Drogas en el que se señala que la producción mundial de cocaína en 2017 llegó a las 1.976 toneladas, con un aumento del 25 por ciento con relación a 2016. 

En ese contexto, Colombia, con más de 200.000 hectáreas de coca sembradas, produjo el 70% de la cocaína de alta pureza en el mundo (8). 

 Lo mismo podríamos decir de Afganistán donde también la producción y tráfico de heroína se han incrementado desde que Estados Unidos y los países de la OTAN lo invadieron en el año 2001, tras el derribo de las Torres Gemelas en Nueva York (9).

Llámense bases, FOL o “portaaviones” lo que hay que analizar es el rol que cumplen y los objetivos de las mismas. 

La investigadora mexicana Ana Esther Ceceña, señala que los EEUU tienen “dos objetivos generales: garantizar el mantenimiento del capitalismo y dentro de él la primacía de Estados Unidos; y garantizar la disponibilidad de todas las riquezas del mundo como base material de funcionamiento del sistema, asegurando el mantenimiento de sus jerarquías y dinámicas de poder…” (10).

Tras el desplazamiento y el debilitamiento de los gobiernos progresistas y paralelamente al desmantelamiento de organismos regionales como la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) , el gobierno de Donald Trump ha retomado la iniciativa y ha establecido acuerdos militares con los gobiernos de derecha de Brasil, Argentina, Ecuador y Guatemala que le permiten tener nueva presencia militar, lo que se une a los contingentes que ya tiene en Honduras, Panamá, Cuba (Guantánamo), Curazao, Perú, Paraguay y Colombia.

Entre los “peligros” y “amenazas” para su país el Comando Sur de EEUU menciona a Cuba, Venezuela, Bolivia, el narcotráfico, redes ilícitas regionales y transnacionales, la mayor presencia de China, Rusia e Irán en América Latina y el Caribe y el auxilio ante desastres. Según el periodista cubano Raúl Capote Fernández, “el objetivo del imperio es incrementar la presencia militar en la región con el fin de asegurar sus intereses hegemónicos en el hemisferio, consolidar un frente contra Venezuela y perpetuar su dominio sobre los inmensos recursos económicos de América Latina y el Caribe” (11).


EEUU siempre con el ojo en Galápagos

La pretensión de EEUU de apoderase de las islas Galápagos con fines militares y estratégicos no es nueva. Desde que éstas fueron incorporadas al Ecuador en el año 1832, tanto EEUU como las otras potencias coloniales como Francia y Reino Unido intentaron apropiarse de las Islas con distintos pretextos y motivos, contando para ello con la colaboración de varios gobiernos ecuatorianos.

El presidente Juan José Flores le propuso a Reino Unido venderle las Islas para saldar la deuda contraída durante la lucha por la independencia; posteriormente el presidente conservador Gabriel García Moreno en 1861 le planteó a Francia que tomara las Galápagos así como la región amazónica del Ecuador como protectorados. Felizmente estas iniciativas no prosperaron.

En 1883 el Senado de Estados Unidos declaró a las Galápagos como “tierra de nadie” e indicó que “existen serias dudas acerca de la soberanía ecuatoriana en las Islas” (12). La resolución fue tomada luego de que Estados Unidos enviara a Suramérica al comisionado George Earl Church con diversas misiones, y entre ellas la de “demostrar que Galápagos no pertenecía al Ecuador”. 

 Ante estos hechos, el gobierno ecuatoriano a través del canciller Antonio Flores Jijón presentó una protesta oficial, pero las pretensiones de EEUU de apoderarse de las Islas no pararon.

En 1910, durante el gobierno de Eloy Alfaro, Estados Unidos ofreció al Ecuador 15 millones de dólares por 99 años de permanencia en las Islas. Alfaro sometió la propuesta, que era atractiva para desarrollar el país, a debate nacional y finalmente este fue descartada.

Tras la construcción del Canal de Panamá que permitió unir los océanos Pacifico y Atlántico, obra iniciada por Francia en el siglo XIX y concluida por Estados Unidos a comienzos del siglo XX, las Galápagos pasaron a ser un punto de interés estratégico para la vigilancia, control y defensa del nuevo canal.

Durante la primera guerra mundial (1914-1918), Estados Unidos desplegó un gran contingente militar en el Caribe para defender el Canal de Panamá pero necesitaba consolidar las defensas en el Océano Pacífico, más aun cuando barcos alemanes y japoneses merodeaban por las Galápagos. Para tal fin, ejerció fuertes presiones sobre el gobierno de Leonidas Plaza Gutiérrez para conseguir la venta o arrendamiento de las Islas Galápagos, entre ellas “tentadoras propuestas que ofrecían solucionar el inestable erario nacional” (13).

El ecuatoriano Octavio Latorre, uno de los más destacados investigadores de las Islas Galápagos, sostiene que Estados Unidos “preparó desde 1920 todo para una ocupación de las islas, basado en los hechos consumados y en la política del Buen Vecino, en realidad en la política del más fuerte” (14). 

 Se puede agregar que Estados Unidos también ha actuado bajo la doctrina Monroe sintetizada en la frase “América para los (norte) americanos” en la disputa por la dominación del continente con las antiguas potencias coloniales europeas.

Luego de que el dictador ecuatoriano Federico Páez gestionara en 1935 un frustrado empréstito de Estados Unidos, el presidente Roosevelt sugirió la posibilidad de convertir las Islas Galápagos “en un parque internacional para proteger su flora y su fauna, cuya propiedad sería de todos los países Miembros de la Unión Panamericana, entre ellos los Estados Unidos” (15). 
 El propósito era impedir el uso militar de la Islas “por algún país enemigo”.

Con motivo de la segunda guerra mundial, Estados Unidos ocupó militarmente las Islas Galápagos, construyó una gran base en la isla Baltra (también llamada Seymour Sur) y estuvo presente en las islas Isabela, Española y otras. También estableció una base en la península de Salinas, territorio continental ecuatoriano.

El 12 de diciembre de 1941, 36 marines estadounidenses desembarcaron en las Islas Galápagos con el fin de construir un depósito de combustible, sin que existiera un acuerdo formal con Ecuador (16). Esto se produjo, cinco días después del ataque japonés a la base hawaiana de EEUU en Pearl Harbor y que fue el acontecimiento que motivó que Estados Unidos declarara la guerra al Japón.

Meses atrás (el 13 de septiembre de 1941) el gobierno ecuatoriano presidido por Carlos Alberto Arroyo del Rio (17), a través del embajador en Washington, Colón Eloy Alfaro, había firmado un documento reservado en el que Ecuador permitía que la aviación militar y naval de EEUU efectuara vuelos desde sus puestos en Centroamérica hacia las Islas Galápagos.

Solo después de la ocupación de hecho de las Galápagos por EEUU, se firmaron los convenios entre la potencia del norte y Ecuador para permitir la construcción de las bases militares extranjeras en Salinas y Galápagos.

El 24 de enero de 1942, los representantes de las FFAA de EEUU y Ecuador suscribieron un acuerdo de cooperación mediante el cual se autorizaba al “general comandante de Defensa del Caribe para que ocupe los terrenos de la parroquia de Salinas y construya instalaciones militares” y que “igualmente en las aguas territoriales de la misma jurisdicción pueda instalar boyas y usar las aguas para el acuatizaje de aviones o el fondeado de naves” (18).

El 2 de febrero de 1942 se firmó otro acuerdo entre el embajador Colón Eloy Alfaro y el secretario de Estado de EEUU Cordek Hull mediante el cual los gobiernos de Ecuador y Estados Unidos convinieron establecer “operaciones de carácter de defensa continental en territorio y aguas territoriales del otro”. “En uso de esta autorización, pero sin mediar un estatuto preciso y concreto al respecto ni una referencia directa a las Islas ni tampoco una notificación, los Estados Unidos de América habían ocupado con una base aérea la isla Seymour Sur o Baltra y con estaciones de vigilancia y aviso otros lugares del Archipiélago”, sostiene el escritor Alfredo Luna Tobar (19).

El gobierno de Arroyo del Rio cedió las Galápagos a EEUU en “cumplimiento y en conformidad con pactos multilaterales vigentes, cooperó con eficacia a la defensa continental y dio prueba efectiva de solidaridad americana”, según sus propias palabras. 
 Y lo hizo de manera gratuita “para que quedase demostrado que procedíamos impulsados por un ideal y no por un propósito mercantilista de comercio con el territorio nacional” y de forma temporal “es decir, mientras durase el conflicto bélico mundial y únicamente por ese tiempo, debiendo ser devueltas las bases a la terminación de aquella conflagración, sin afectar a nuestra soberanía” (20).

La segunda guerra mundial culminó en 1945 pero los militares de EEUU se quedaron en las Galápagos hasta 1948. 
 El 1 de julio de 1946 se realizó el acto oficial de entrega de las Islas a las autoridades ecuatorianas, sin embargo, militares amados de EEUU permanecieron de facto hasta diciembre de 1948.

Estados Unidos no solo no pagó un dólar por ocupar las Islas Galápagos, sino que al retirarse sin mayor trámite se deshizo o destruyó “toneladas de objetos del más variado tipo y calidad” (21) invocando una cláusula secreta que decía “entréguese tal como se recibió”. 
En lugar de entregar la infraestructura y la maquinaria al Ecuador , un país que le facilitó las Islas sin condiciones, aviones de Estados Unidos arrojaron a los farallones de las Islas o al mar gran cantidad de material de la base en buen estado como equipo hospitalario, radios, repuestos de aviones y automotrices, vajillas, etc. (22). 
Algo parecido hicieron los estadounidenses en la base de Salinas, de donde además fueron desalojados más de un centenar de comuneros a los cuales se les dieron indemnizaciones irrisorias (23).

Pero lo que si quedaron en la Islas fueron los pasivos ambientales. No se conoce un estudio sobre el impacto al medio ambiente que dejó el paso de los militares de EEUU por las Galápagos, pero, es fácil deducir, que la construcción de la pista aérea en Baltra, el constante ruido y el aterrizaje de los aviones que mataban las iguanas, la producción diaria de basura y desperdicios de más de 10.000 efectivos que habrían transitado en ese periodo por las Islas, afectaron a la flora y la fauna de las Islas.


Para finalizar…

Los anuncios de las autoridades ecuatorianos con relación a la presencia militar de una potencia extranjera en las Islas Galápagos intentan minimizar los impactos que esto tendría y tranquilizar a la ciudadanía, pero hay dudas sobre la palabra oficial sobre todo por las contradicciones y el secretismo que hay en todo este asunto como ya sucedió durante la ocupación de las Islas Galápagos en la segunda guerra mundial y la instalación de la base de Manta en 1999. 

Ante esto cabe plantear algunas preguntas ¿Cuál es el contenido y el alcance de los acuerdos de cooperación con Estados Unidos? ¿Qué tiempo durará la ocupación no solo del aeropuerto de Galápagos sino de los de Guayaquil y Manta? ¿Cuál es el estatuto legal del personal militar de Estados Unidos? (24)

A la Asamblea Nacional le corresponde conocer y aprobar este tipo de acuerdos internacionales. Algunos asambleístas han mostrado su preocupación sobre la presencia militar de EEUU en las Islas Galápagos, pero hay serias dudas sobre lo que pueda hacer la actual alianza de derecha que dirige la Asamblea Nacional, presidida por el morenista César Litardo.

La pelota nuevamente está en la cancha del campo popular, cuya primera tarea será exigir que se den a conocer todos los acuerdos que ha firmado el gobierno de Lenín Moreno con Estados Unidos, y en segundo lugar tendrá que desplegar nuevas luchas, como lo hizo en la primera década de este siglo logrando expulsar a los militares de Estados Unidos de Manta y del Ecuador. 

Esta vez la lucha es por la defensa de las Islas Galápagos como Patrimonio de la Humanidad y por la soberanía nacional, y en un ámbito más amplio por preservar a América Latina como territorio de paz, como lo determinó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).


Notas

1 El Comercio, Naves de EE.UU. ocuparán pista de aeropuerto de Galápagos una vez al mes, 19-06-2010, https://www.elcomercio.com/actualidad/naves-eeuu-pista-galapagos-control.html (consultado 02/07/2019)

2 La Hora, En FFAA y Policía: Cambios sorpresivos, 18-06-2003, https://lahora.com.ec/noticia/1000170756/el-jefe-del-comando-conjunto-de-las-ffaa-general-oswaldo-jarrc3adn-fue-reemplazado-ayer-por-octavio-romero-quien-era-comandante-general-del-ejc3a9rcito , (consultado 02/07/2019)

3 El Universo, Jarrín habla de fuerza de paz para Ecuador, 22-02-2006 , https://www.eluniverso.com/2006/02/22/0001/12/9AC883B6E98F4936B034F32ED8145096.html?p (consultado 29-06-2019)

4 Mayor Chris Mitchell, Portavoz del Pentágono, citado por Gisell Tobías, Voz de América, Washington.

5 El Telégrafo, Un buque encalló en Galápagos sin que haya derrame de contaminantes, 28-01-2015, https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/informacion/1/coe-de-galapagos-se-instala-tras-encallamiento-de-buque (Consultado, 29-06-2019)

6 Entrevista al general (r) Carlos Moncayo, Radio Pichincha Universal, 25-06-2019, Quito, https://www.pichinchauniversal.com.ec/portaviones-en-galapagos-no-implican-entrega-de-soberania-segun-general-en-servicio-pasivo/ (consultado, 29-06-2019)

7 Naciones Unidas, “Declaración Política y Plan de Acción sobre Cooperación Internacional hacia una Estrategia Integral y Equilibrada para contrarrestar el Problema Mundial de las Drogas”, www.unodc.org

8 Revista Semana, Producción de cocaína crece en el mundo y Colombia aporta el 70%, 26-06-2019, en:
https://www.semana.com/amp/produccion-de-coca-crece-en-el-mundo-y-colombia-aporta-el-70/621010?fbclid=iwar1ksnh8qmdjeb7bt97m2wbiltuybjkwwvbh_djrpu7rggjkpm0lc_o-xvm&__twitter_impression=true , Bogotá, (consultado 2/7/2019)

9 Vicky Peláez, El opio, ¿el pretexto real de la guerra en Afganistán?, 28-06-2017,
https://mundo.sputniknews.com/firmas/201706281070344882-asia-kabul-confrontacion-washington/ , consultado 2/7/2019

10 James Patrick Jordan, Resistiendo las bases militares y las estrategias del Pentágono en Latinoamérica, 29/01/2018 https://www.alainet.org/es/articulo/190678 , (consultado 2/7/2019).

11 Raúl Capote Fernández, Bases militares de EE.UU. en América Latina y el Caribe. El Plan Suramérica, 9 de agosto de 2018,
http://www.granma.cu/mundo/2018-08-09/bases-militares-de-eeuu-en-america-latina-y-el-caribe-el-plan-suramerica-09-08-2018-17-08-04, (consultado: 02/07/2019 )

12 Hugo Hidrovo, Baltra-Base Beta, Ministerio de Cultura de Ecuador, Quito, 2008, p.31

13 Ibid, p.58

14 Octavio Latorre, Historia humana de Galápagos, Artes Gráficas Señal, Quito, 2011, pp. 182-183

15 Jorge W. Villacrés Moscoso, Las ambiciones internacionales por las Islas Galápagos, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Guayaquil, 1985, p. 97

16 Alfredo Luna Tobar, Historia Política Internacional de las Islas Galápagos, Ediciones Abya Yala, AFESE, Quito, 1997, p. 269)

17 A la ocupación militar de Galápagos no se le dio en Ecuador la importancia que merecía, pues la atención se concentró en la invasión militar del Perú al Ecuador que se inició el 5 de julio de 1941 y culminó en enero de 1942 con la firma del Protocolo de Rio de Janeiro mediante el cual el Ecuador perdió 200.000 kilómetros de su territorio. En el contexto de la segunda guerra mundial, a Ecuador se le impuso por la fuerza este tratado. Uno de los países garantes del mismo fue EEUU. El gobierno pro-estadounidense y represivo de Arroyo del Rio que firmó este documento fue derrocado por una insurrección popular el 28 de mayo de 1944.

18 Equipo de Alto Nivel de Análisis, Investigación y Publicaciones, Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, Bases Militares Norteamericanas en el Mundo, Capítulo Especial Ecuador, Quito, 2016, pp. 82-83

19 Op. Cit., Alfredo Luna Tobar, pp.274-275

20 Op. Cit. Hugo Idrovo, p. 128

21 Ibid. p102

22 Ibid. p. 102

23 Op. Cit., Equipo de Alto Nivel…, p. 115

24 El convenio sobre la base de Manta publicado el 25 de noviembre de 1999 concedió inmunidad diplomática al “personal estadounidense, y a sus dependientes en el Ecuador” y determinó que “en la eventualidad de que las autoridades ecuatorianas detuvieren a un miembro del personal estadounidense o sus dependientes”, deberán notificar a las autoridades de EEUU y coordinar su pronta entrega. Con base a estos artículos, quedaron en la impunidad el asesinato de Pablo Vicente Jaramillo en Quito cometido presuntamente por Peter Kamilowicz, miembro de seguridad de la Embajada de EEUU, y de Víctor Manuel Mieles, comerciante de Portoviejo, cometido presuntamente por Damon Plyler, funcionario estadounidense de la base de Manta. ¿Pasará lo mismo en Galápagos? Ver: Coalición No Bases Ecuador, Base de Manta, ojos y oídos del Plan Colombia, Quito, 2007, pp. 19-44-45.
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Fuente: https://radio.uchile.cl/2019/07/02/galapagos-de-patrimonio-de-la-humanidad-a-portaviones-de-eeuu/

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